Este sábado pasado podíamos leer, en una columna de Heraldo, la desazón que le produce al señor José Luis Mateos que el vocablo “país” pueda ser utilizado para referirse a cosas distintas de España:
“Así es como todo quisque llama no se sabe muy bien si a su comunidad autónoma o a España. [...] Así en la ambigüedad calculada, nadie se puede dar por aludido, porque “este país” puede ser cualquier cosa, hasta, como bien es sabido, el propio y pequeño terruño”.
En defensa del nombre España observa conjuras en los meteorólogos de la tele:
“Pero es que esa omisión del nombre de España, que se observa todos los días en la tele, se lleva hasta en el hombre del tiempo, que no sabe qué hacer para no decir el fatídico nombre”.
En Aragón, donde gusta autodenominarnos región ó territorio (al margen del legalmente correcto comunidad autónoma), son pocos los que, desde los medios, se refieren a él como país. No debe gustar su fonética ó debe haber miedo a que ciertos sectores los tachen de mal patriotas. Por lo tanto aquí, donde somos más papistas que el Papa, si oyes la palabra “país” ya sabes a que se refieren. Sin complicaciones. Y de ésto se complace el señor Mateos:
“Es de agradecer que en Aragón seamos más comedidos. Y, ¡oh, milagro, aquí todavía existe España!.”

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