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Y por eso la delegación de la metrópoli en su colonia de Aragón decide cada año engalanar su balcón con la bandera de la potencia extranjera. En la alegría de la metrópoli la risa cómplice del colonizado. Su bandera contra las fiestas del pueblo. Ni siquiera se ocultan en esa esquizofrenia que supone la “identidad dual”. Tan aragonés como español. No. Ellos son españoles. La metrópoli. ¿Para qué andar con chiquitas?

Apostamos mejor por los Pilares Anticoloniales.

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